Esperando el Reporte Minoritario
La espera está terminando... al menos para mí. A pesar de que Alguien me comentó la posibilidad de caída antes de empezar a ascender, me mantengo a la espera de que la oportunidad se vea cumplida.
Aunque no me siento ansioso por llegar allá, al menos procuro sentirme seguro de que puedo lograrlo.
Haciendo analogía a la novela de Philip K. Dick y poniéndolo en la voz del slogan que acompañó al filme en el que Spielberg vació esta historia, recuerdo que los precogs no se equivocan pero cuando no están de acuerdo crean un reporte minoritario, una especie de alternativa a su premonición.
El día de hoy solicité autorización para ausentarme de mis labores. A las 15:00 horas salía a paso lento de la empresa pero empeñado en no llegar tarde a mi cita, a mi comida como diría la Licenciada. Raudo llegué a la tienda de conveniencia y me dirigía al estante de comidas rápidas. Un par de perros calientes y mi refresco habitual de toronja me llenaron el estómago que ya protestaba de hambre. Quince minutos bastaron para que todo el platillo quedara engullido y tras un breve enjuague, un par de chicles refrescantes de aliento ocuparon el sitio que los alimentos habían tenido.
Tomé un taxi y me dirigí hacia mi cita. Llegué a las 15:45 horas e hice acto de presencia en la oficina. Faltaban 45 minutos para mi evaluación, pero se me permitió pasar a la oficina en tanto esperara mi turno... Subí al tercer piso con el cansancio que amerita haber pasado la mañana subiendo y bajando escaleras, atendiendo fallas de sistema y corrigiendo registros de DNS, llegando a la oficina que me indicaran.
Era grande y espaciosa, pero estaba sola... el olor a tabaco indicaba que desde hace tiempo ese lugar tenía privilegios de fumadores y el olor a alquitrán era bastante penetrante. No había un alma en el sitio hasta que escuché desde uno de los cubículos que alguien me llamaba por mi nombre y me indicaba que habría de esperar un momento mientras llegaba otro evaluando. Tomé asiento e inmediatamente me puse a ojear revistas que se encontraban en el lugar. Resolví preguntas (ref. "El Sabelotodo") y leí diversos artículos para descansar de la tecleada diaria.
En ese tiempo llegó un joven algo bien parecido, con traje ajustado a su medida y de mirada tranquila. Tomó asiento y en cuanto le preguntaron su nombre (Alejandro, creo) nos indicaron a ambos pasar a la sala de Juntas. La explicación fue breve y concisa... contestar en el menor tiempo posible diez "capítulos" de diez preguntas cada uno.
El tránsito de ese momento fue tranquilo, aunque debo reconocer que en ocasiones se me salía de control el manejo de las respuestas. Tomé tranquilidad y seguí respondiendo solo las preguntas de las que respuesta tenía. Dos o tres quedaron en blanco, pero el tiempo era el factor determinante.
Cada una de las pruebas fueron sencillas: cálculos sencillos, lógica, creatividad, pero el que más me llegó fue el de capacidades administrativas. Ese sí que me divirtió. Situaciones de decisión, mezcladas con ambigüedades y preguntas de rebote hicieron delicia de dicho exámen. La facilidad se dió quizá por el hecho de que siempre estuve relacionado con esas situaciones.
Terminé 15 minutos antes de lo previsto. El exámen de autodefinición fue quizá lo más cursi que he visto, pero fue el que me hizo tardar más en definirme. Mi definición personal de mi mismo nunca ha sido certera... soy la peor persona para describirme.
Al final recogieron los exámenes y con una breve despedida cerramos esa etapa del trámite... Salí a la calle tranquilamente despidiéndome amablemente de los empleados que estaban en la puerta de entrada. Al salir a la calle, solamente me limité a regresar a casa y a continuar con mi espera.
"Pronto tendrán noticias de nosotros..."
Aunque no me siento ansioso por llegar allá, al menos procuro sentirme seguro de que puedo lograrlo.
Haciendo analogía a la novela de Philip K. Dick y poniéndolo en la voz del slogan que acompañó al filme en el que Spielberg vació esta historia, recuerdo que los precogs no se equivocan pero cuando no están de acuerdo crean un reporte minoritario, una especie de alternativa a su premonición.
El día de hoy solicité autorización para ausentarme de mis labores. A las 15:00 horas salía a paso lento de la empresa pero empeñado en no llegar tarde a mi cita, a mi comida como diría la Licenciada. Raudo llegué a la tienda de conveniencia y me dirigía al estante de comidas rápidas. Un par de perros calientes y mi refresco habitual de toronja me llenaron el estómago que ya protestaba de hambre. Quince minutos bastaron para que todo el platillo quedara engullido y tras un breve enjuague, un par de chicles refrescantes de aliento ocuparon el sitio que los alimentos habían tenido.
Tomé un taxi y me dirigí hacia mi cita. Llegué a las 15:45 horas e hice acto de presencia en la oficina. Faltaban 45 minutos para mi evaluación, pero se me permitió pasar a la oficina en tanto esperara mi turno... Subí al tercer piso con el cansancio que amerita haber pasado la mañana subiendo y bajando escaleras, atendiendo fallas de sistema y corrigiendo registros de DNS, llegando a la oficina que me indicaran.
Era grande y espaciosa, pero estaba sola... el olor a tabaco indicaba que desde hace tiempo ese lugar tenía privilegios de fumadores y el olor a alquitrán era bastante penetrante. No había un alma en el sitio hasta que escuché desde uno de los cubículos que alguien me llamaba por mi nombre y me indicaba que habría de esperar un momento mientras llegaba otro evaluando. Tomé asiento e inmediatamente me puse a ojear revistas que se encontraban en el lugar. Resolví preguntas (ref. "El Sabelotodo") y leí diversos artículos para descansar de la tecleada diaria.
En ese tiempo llegó un joven algo bien parecido, con traje ajustado a su medida y de mirada tranquila. Tomó asiento y en cuanto le preguntaron su nombre (Alejandro, creo) nos indicaron a ambos pasar a la sala de Juntas. La explicación fue breve y concisa... contestar en el menor tiempo posible diez "capítulos" de diez preguntas cada uno.
El tránsito de ese momento fue tranquilo, aunque debo reconocer que en ocasiones se me salía de control el manejo de las respuestas. Tomé tranquilidad y seguí respondiendo solo las preguntas de las que respuesta tenía. Dos o tres quedaron en blanco, pero el tiempo era el factor determinante.
Cada una de las pruebas fueron sencillas: cálculos sencillos, lógica, creatividad, pero el que más me llegó fue el de capacidades administrativas. Ese sí que me divirtió. Situaciones de decisión, mezcladas con ambigüedades y preguntas de rebote hicieron delicia de dicho exámen. La facilidad se dió quizá por el hecho de que siempre estuve relacionado con esas situaciones.
Terminé 15 minutos antes de lo previsto. El exámen de autodefinición fue quizá lo más cursi que he visto, pero fue el que me hizo tardar más en definirme. Mi definición personal de mi mismo nunca ha sido certera... soy la peor persona para describirme.
Al final recogieron los exámenes y con una breve despedida cerramos esa etapa del trámite... Salí a la calle tranquilamente despidiéndome amablemente de los empleados que estaban en la puerta de entrada. Al salir a la calle, solamente me limité a regresar a casa y a continuar con mi espera.
"Pronto tendrán noticias de nosotros..."


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