Actuar Justificado
Llegamos al mediodía, el local se ubica sobre la avenida Vasconcelos del municipio de Garza García, dentro de uno de los tantos centros comerciales que abundan en la actualidad. Está a unas cuadras de la antigua avenida Marne, cercano al monumento a la vanidad y al egoísmo: el puente "Atarantado". La ubicación era en una zona muy accesible y de mucho aforo, además de que contaba con vidrios polarizados y cámaras de circuito cerrado a la puerta.
Subimos al segundo piso y entramos a una pequeña oficina que asemejaba un consultorio dental o bien un dispensario médico. Tres mujeres esperaban en la fila su atención y un hombre salía al momento de nuestra llegada. Había un pequeño clima artificial funcionando y en el mostrador aparecía el costo de activación de una tarjeta para decodificador, alrededor de $60.00 dólares. Un anuncio pendía de la pared indicando nuevos precios para la nueva temporada, condiciones de garantía y otras pavadas más además de ofrecer el sistema Dish Networks® sin restricciones.
Aquél se apresuró a entregar su tarjeta en la ventanilla y fue a sentarse a mi lado. Una mujer volteó hacia él y le comentó: "¿Qué sistema tiene usted?" a lo que contestó "DirectTV®... bueno PiracTV..." y echó tras de la frase una risa sonora que compartió con la mujer. Mencionaron entreambos la problemática de las caídas constantes del sistema y los rumores del cese de funcionamiento de las tarjetas HU y la llegada de las P4... Entre tanto, otra atractiva mujer discutía por teléfono de la posibilidad de que le fueran conseguidas las tarjetas P4 para asegurar la programación mientras que otra recibía el llamado de su hijo que al parecer le cuestionaba de la posibilidad de que el sistema llegase a funcionar ese mismo día. "Mejor vete con tus primos" respondió, "Dudo que vaya a quedar hoy". En eso la puerta se abrió y un hombre con barba pequeña y poco poblada se dirigió a ella. "Imposible señora... la tarjeta se dañó". Con una mirada de disgusto la mujer le comentó que lo acababa de adquirir, que era nuevo, que ellos se lo habían traído y una sarta de comentarios más. Con una pose seria se le quedó viendo y le dijo: "Puedo conseguirsela... le costaría $80.00 dólares más la activación". "Pero, me dijo que tenía garantía" replicó la mujer a lo que él respondió "si, en tanto la tarjeta no se queme o no la saque del equipo" y ahí quedó esa plática.
La cajera llamó rápidamente a Aquél y le entregó su tarjeta. "No es nada" le dijo y Aquél se despidió con un fuerte apretón de manos. Al cuestionarle porqué no le habían cobrado simplemente me respondió "es garantía".
Quizá esto sea una típica historia de folklore citadino... lo risible -para mí- es simplemente que la gente que se encontraba en el lugar que visité, eran descarados personajes de nivel A (como se les llama en mercadotecnia), de ésos que tienen dinero "para aventar p' arriba" y que se ofenden ante las situaciones como la que un hombre (un miserable) robe un pollo asado para dar que comer a su familia o que bien, si alguien les toca un centavo de su riqueza merece "todo el rigor de la Ley".
Lo que más me sorprende es la forma en que defienden su acción: "No estoy robando nada... sólamente estoy pagando por un servicio". Un servicio que es ilegal de origen. Al pasar por la iglesia de Santa Engracia, besa la medalla que está en el panel de su automóvil y se persigna. "Las señales ahí están, es cuestión de que las tomes".
Subimos al segundo piso y entramos a una pequeña oficina que asemejaba un consultorio dental o bien un dispensario médico. Tres mujeres esperaban en la fila su atención y un hombre salía al momento de nuestra llegada. Había un pequeño clima artificial funcionando y en el mostrador aparecía el costo de activación de una tarjeta para decodificador, alrededor de $60.00 dólares. Un anuncio pendía de la pared indicando nuevos precios para la nueva temporada, condiciones de garantía y otras pavadas más además de ofrecer el sistema Dish Networks® sin restricciones.
Aquél se apresuró a entregar su tarjeta en la ventanilla y fue a sentarse a mi lado. Una mujer volteó hacia él y le comentó: "¿Qué sistema tiene usted?" a lo que contestó "DirectTV®... bueno PiracTV..." y echó tras de la frase una risa sonora que compartió con la mujer. Mencionaron entreambos la problemática de las caídas constantes del sistema y los rumores del cese de funcionamiento de las tarjetas HU y la llegada de las P4... Entre tanto, otra atractiva mujer discutía por teléfono de la posibilidad de que le fueran conseguidas las tarjetas P4 para asegurar la programación mientras que otra recibía el llamado de su hijo que al parecer le cuestionaba de la posibilidad de que el sistema llegase a funcionar ese mismo día. "Mejor vete con tus primos" respondió, "Dudo que vaya a quedar hoy". En eso la puerta se abrió y un hombre con barba pequeña y poco poblada se dirigió a ella. "Imposible señora... la tarjeta se dañó". Con una mirada de disgusto la mujer le comentó que lo acababa de adquirir, que era nuevo, que ellos se lo habían traído y una sarta de comentarios más. Con una pose seria se le quedó viendo y le dijo: "Puedo conseguirsela... le costaría $80.00 dólares más la activación". "Pero, me dijo que tenía garantía" replicó la mujer a lo que él respondió "si, en tanto la tarjeta no se queme o no la saque del equipo" y ahí quedó esa plática.
La cajera llamó rápidamente a Aquél y le entregó su tarjeta. "No es nada" le dijo y Aquél se despidió con un fuerte apretón de manos. Al cuestionarle porqué no le habían cobrado simplemente me respondió "es garantía".
Quizá esto sea una típica historia de folklore citadino... lo risible -para mí- es simplemente que la gente que se encontraba en el lugar que visité, eran descarados personajes de nivel A (como se les llama en mercadotecnia), de ésos que tienen dinero "para aventar p' arriba" y que se ofenden ante las situaciones como la que un hombre (un miserable) robe un pollo asado para dar que comer a su familia o que bien, si alguien les toca un centavo de su riqueza merece "todo el rigor de la Ley".
Lo que más me sorprende es la forma en que defienden su acción: "No estoy robando nada... sólamente estoy pagando por un servicio". Un servicio que es ilegal de origen. Al pasar por la iglesia de Santa Engracia, besa la medalla que está en el panel de su automóvil y se persigna. "Las señales ahí están, es cuestión de que las tomes".


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